Fertilización con nitrógeno, azufre y zinc en trigo. Efecto de fuente y dosis.

INTA EEA Pergamino

INTRODUCCIÓN
El trigo en la Región Pampeana Argentina es un cultivo relevante con una larga historia y tradición de siembra, desde hace más de 100 años. Este cereal encuentra su ambiente ideal climas fríos, observando mayores limitaciones en la medida en que su siembra se traslada hacia la región núcleo, norte y oeste. En el norte de Bs As y sur de Santa Fe, suele estar expuesto a numerosas restricciones a la productividad como baja humedad a la siembra, inviernos secos y rigurosos o excesivamente húmedos, baja fertilidad edáfica, “veranitos” con temperaturas elevadas y períodos de encharcamiento y excesiva presión de enfermedades.

El nitrógeno (N) constituye el elemento clave para sostener adecuados niveles productivos en este cereal. Regula la expansión y duración del área foliar, y es esencial para la supervivencia de los macollos. Ya en etapas reproductivas, permite la transformación de flores en granos regulando su número, la duración del área foliar que sostiene el llenado de granos determinado su peso, y la concentración en grano define los componentes más importantes de la calidad, como son el porcentaje de gluten húmedo y proteína. La eficiencia de su utilización no depende sólo de factores propios del nutriente, sino también de la disponibilidad de otros elementos con los cuales registra una fuerte interacción, como azufre (S) y zinc
(Zn).

En la Región Pampeana Argentina, los cultivos de gramíneas son habitualmente fertilizados con fuentes nitrogenadas sólidas y líquidas. Estas varían en cuanto a su composición, concentración y otros iones acompañantes, tiempos de disponibilidad y riesgos de volatilización. La pérdida de N por volatilización del gas amoníaco (NH3) puede ser la principal causa de la baja eficiencia de algunos fertilizantes amoniacales. Dichas pérdidas son el resultado de numerosos procesos químicos, físicos y biológicos, cuya magnitud es afectada por factores de ambiente, suelo y manejo tales como temperatura, pH del suelo, capacidad de intercambio catiónico (CIC), materia orgánica, cobertura y calidad de residuos en superficie, viento, tensión de vapor superficial y la dosis y localización del fertilizante (Hargrove, 1998). El invierno de 2017, si bien con excesos de humedad al inicio, mostró una interrupción de las precipitaciones en la transición hacia la primavera dificultando la incorporación de los fertilizantes aplicados, por lo que la habilidad de las diferentes fuentes para soportar esta condición desfavorable resultó
relevante.

El objetivo de este experimento fue comparar la respuesta a dosis crecientes de cinco fuentes nitrogenadas, comparadas a igual dosis de producto, las cuales a su vez aportan otros elementos acompañantes como azufre (S) o zinc (Zn), sobre el rendimiento y calidad de trigo . Hipotetizamos que 1. El N incrementa los rendimientos y la calidad en forma creciente con la dosis, en un ambiente de alta potencialidad caracterizado por su baja fertilidad inicial y adecuada reserva hídrica inicial en el suelo y 2. El aporte de otros elementos acompañantes como S o Zn aumenta los rendimientos, especialmente cuando ya han sido cubiertas las carencias de N en el cultivo y 3. En condiciones de bajas precipitaciones post-aplicación, el efecto fuente es agronómicamente relevante sobre rendimiento y calidad. Palabras clave: trigo, fuentes, curvas respuesta – dosis, rendimiento, proteína, volatilización de nitrógeno.

 

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